¡Hombres de poca fe!

Tammy Tkach
¿Alguna te han dicho que careces de fe? Tal vez oraste por sanación y no obtuviste la respuesta que querÃas. O tal vez no te dieron un trabajo por el que oraste y te dijeron que fue porque no tenÃas suficiente fe.
Los cristianos a veces critican a los demás cuando las oraciones no son respondidas de acuerdo a lo planeado.
Varias veces, Jesús dijo a los discÃpulos que o bien carecÃan de fe, o tenÃan muy poca. Cuando Pedro caminó sobre el agua hacia Jesús, miró hacia abajo y se hundió bajo las olas, Jesús señaló la poca fe de Pedro. Tendemos a pensar que Jesús estaba criticando y juzgando por su falta de fe y, a continuación, por extensión, llevamos la crÃtica hacia nosotros mismos y otros. Pero tal vez no era tanto una condena como una observación sobre la humanidad. A todos nos falta fe. Todos tenemos problemas para creer a veces.
El hombre que vino a Jesús pidiendo ayuda y luego admitió su falta de fe nos es familiar. Yo oro sus mismas palabras. Estoy segura de que también lo haces tú. Señor, yo creo, ayuda mi incredulidad. Creemos y dudamos. A veces nuestra fe parece fuerte y a veces parece inexistente.
En ambos casos, Pedro tomando un chapuzón y el hombre que admitió que su fe era débil, Jesús vino a ellos. No se marchó molesto y los dejó. Sacó a Pedro fuera del agua y le ayudó a volver a la barca. Sanó al hijo del hombre (Marcos 9). En ningún caso fue la falta de fe una ruptura. Falta de fe reconocida, oración contestada.
PodrÃa ayudarnos a los de poca fe echar otro vistazo a lo que realmente significa tener fe. Ya sabemos que si Dios dependiera de nuestra fe y fidelidad, el mundo se habrÃa acabado hace mucho tiempo. Nuestra fe no es suficiente y nunca lo ha sido. Pero Dios escucha nuestras oraciones y nos responde en nuestra incredulidad. ¿Por qué? Debido a que la fe que necesitamos no es la nuestra, sino la fe de Jesús. Es su fe y su creencia lo que hace la diferencia. Nosotros dependemos de él.
Jesús confÃa en el Padre. Jesús es el único con la fe perfecta. La fe de Jesús nos salva, nos sana y nos mantiene. Él ya ha hecho todo lo demás para nosotros asà que tiene sentido que en la fe de él nos aferramos y no en la nuestra. Si hacemos de la fe una cosa medible que determina las respuestas a la oración, el crecimiento y la madurez espiritual y lo mucho que logramos para Dios, estamos cambiando la gracia en obras. Nunca he sido capaz de pasar de “muy poco” en el medidor de fe. No es algo que podemos medir, mejorar, o efectuar por nuestra cuenta. Vivimos por la fe – por la fe de Jesús.
Una vez más, me alienta saber que no depende de mÃ. Nada depende de mi. Me aferro a la vid con mis débiles fuerzas y deseos, sabiendo que es Jesús el que me ayuda a tener incluso esa poca fuerza y deseos. Él es el que provee y sostiene mi fe. ¿Oh hombres de poca fe? SÃ, pero el de fe perfecta es mi perfecto Salvador.

- tammy.tkach@gci.org
November 4, 2009
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Una respuesta
Gracias por el artÃculo. Esto me recuerda lo que respondÃa a unos denomnacionales: Los muertos que Jesús resucitó no tenian fé ni pidieron ser resucitados. El paralitico de´la hermosa no tenÃa fé ni pidió ser sanado. Todo es la misericordia y la voluntad de Dios Dios hace sus cosas como el quiere, pero no hace lo que nosotros queremos (1ª Juan 5:14-15).
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